Niño de Elche: «Quien intenta hacer arte apolítico termina haciendo un arte más político si cabe»

A punto de cerrar la fecha de su próximo concierto en Valencia, hablamos con Francisco Contreras Molina, el Niño de Elche. Cantaor flamenco con seis discos publicados desde 2007; el más reciente, Voces del Extremo, en el que interpreta textos de poetas contemporáneos como Antonio Orihuela, Inma Luna, Bernardo Santos, Jorge Riechmann o Begoña Abad, de la llamada poesía de la conciencia. El mejor disco del año según diversas revistas especializadas y Premio Ruido de la Asociación de Periodistas Musicales.

El artista alicantino se apoya en los palos del flamenco para caminar con firmeza, pero escapa a su hermetismo transitando a veces por el rock, a veces por la música electrónica, y siempre a través de letras contundentes. El Niño de Elche experimenta, improvisa, denuncia, revuelve, se envuelve en las artes escénicas y plásticas, en la poesía, en el audiovisual, en el compromiso social y en la defensa animalista.

Decía Neruda que “toda la literatura es comprometida”. ¿Sería pues redundante el término “poesía de la conciencia” o poesía social?

– Estar comprometido/a con una causa, sea política o civil,  no tiene porqué llevar implícito el que ese compromiso esté generado desde una conciencia crítica aunque sí tiene más conexiones conceptuales la literatura comprometida con la llamada “poesía social”, por eso son etiquetas muy utilizadas por los movimientos de izquierdas más clásicos, y no tanto la etiqueta “poesía de la conciencia crítica” porque como bien sabemos, a los movimientos de izquierdas clásicos el adjetivo crítico no le ha gustado mucho de siempre, aunque sí el criticón.

Desde tus primeros llantos has cantado a los mineros, a los campesinos, al alto el fuego. ¿Existe el arte apolítico?

– Todo arte es político, y se da la paradoja que quien intenta hacer un supuesto arte apolítico termina haciendo un arte más político si cabe.

¿Estamos verdes en artivismo?

– Estamos verdes en un artivismo que se posicione a favor de causas no reaccionarias.

El trabajo de Francis Bacon o de Miguel Hernández ha sido para ti una fuente de inspiración. ¿Hay autores desgarrados en el siglo XXI?

– Sin duda que los/as hay, aunque no sean tan conocidos/as o reconocidos/as como los que nombras. El siglo XX ha sido tan aterrador que el desgarro pertenece a nuestra forma de respirar.

Has trabajado junto a algunos coreógrafos, como Guillermo Weickert o María Muñoz (Mal Pelo), en piezas donde tu aportación iba más allá del cante flamenco. ¿Recomiendas a otros artistas que salgan de su zona de confort disciplinar?

– Recomiendo que hagan lo que les mande su necesidad, ya sea estética, discursiva, económica, etc. Está infravalorada la cuestión de salirse de la zona de confort porque realmente no sabemos de qué zonas hablamos ni tampoco dónde puede estar el confort en las prácticas artísticas, y viendo el resultado de algunos seres es mejor que generen cosas desde su espacio de confort, por el bien de ellos/as y de nosotros/as.

El año pasado presentaste en el Sónar RaVerdial, un espectáculo audiovisual junto a los VJ/DJs Los Voluble. ¿Cómo surge la idea de hermanar la rave con los verdiales?

– Surge en un taller de experimentación donde en una improvisación se da un hecho de conexión entre samplers de violines de pandas de verdiales y cante de verdiales flamencos que hacen saltar las alarmas del posible proyecto.

– ¿Y de esto qué opinan los puristas del flamenco?

– Mejor le deberías preguntar a ellos, aunque sé que no es agradable el relacionarse con seres tan repugnantes. Espero que sepas perdonarme.

Por otro lado, ¿cómo condenar la tauromaquia dentro de un género musical tan estrechamente vinculado a ella?

– El cómo ya está demostrado mediante acciones, discursos y colaboraciones. Mi posición ante tal cuestión es la de romper imaginario y ahí es donde mi compromiso es fiel a la causa.

Háblanos de Fadjen y de tu participación en el vídeo dirigido por Chus Gutiérrez para Capital Animal y la Fundación Franz Weber.

– Fue una experiencia, tanto el viaje como el estar allí, y compartir ese día con Fadjen y su cuidador junto a los/as compañeros/as que vinieron con nosotros hasta Francia. Estar al lado de un animal con tal poder es algo que nunca había vivido, y el poder tratar con él desde otra actitud que no fuese la del miedo heredado por nuestra cultura fue algo especial. Sin duda son cosas que te marcan para el resto de tus días.

Para finalizar, ¿con qué artista valenciano, no necesariamente músico, te gustaría colaborar?

– De los que no he colaborado todavía, Daniel G. Andújar.

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