Truna, músico auto-luthier

Truna ya jugaba a desmontar sus juguetes cuando era pequeño. Las piezas resultantes eran para él infinitas posibilidades creativas que conectaba a la corriente eléctrica y otorgaba vida. Éste fue el principio de una trayectoria profesional como luthier y constructor de objetos.

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Cabeza de Toro Cósmico, de Truna
Foto: © Andrés Blasco

Andrés Blasco, más conocido como Truna, es un artista que se ha ganado con creces la etiqueta de especial. Lejos de posturas forzadas, este incansable creador de nuevas sonoridades se adentra en el movimiento patafísico de manera natural y nos acerca al surrealismo menos pretencioso. Es imposible separar a la persona del personaje, y es esto lo que le hace particular; un artista que hay que cuidar y no perder de vista. Nos cuenta que su nombre artístico nace de un ‘automatismo vomitado’. Curiosamente, tiempo después, descubrió que “truna” es un vivac de emergencia que se consigue cavando un hoyo en la nieve, apto para hospedar a una o más personas acostadas.

– ¿Cómo vuelves a conectar con aquel niño que reconstruía juguetes?

– En los años 80 con Carmina Burana y más tarde en los 90 con Fitzcarraldo, ya había comenzado a dar rienda suelta a la imaginación y a jugar con la música sin ningún tipo de pretensión ni freno. Esto lo desarrollé especialmente con Fitzcarraldo, concretamente después de grabar ‘Granero Responde Ovejas’, editado por Por Caridad Producciones. Pilar Barrachina y yo nos consolidamos como dúo de mujer-orquesta y hombre-orquesta. Poco después entré a formar parte de El Otro Ilustre Colegio Oficial de Patafísica en Valencia (OICOP). Seguía actuando con Fitzcarraldo, buscando un sonido propio en aquel collage vertiginoso de piruetas sonoras cambiantes. Nuestro directo se basaba en una canción de 50 minutos que solo tenía una pausa, un compás de cuatro tiempos y luego proseguía. Un experimento maravilloso que, por cierto, pronto compartiré en la red.

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Toro cósmico, de Truna
Foto: © Andrés Blasco

Se puede decir que el ‘Dr. Truna’ nació con Fitzcarraldo y que con esa energía y esa actitud sigo trabajando actualmente. Crecí con este proyecto, pero, en un momento dado, sentí que la música no era suficiente. Fue ahí cuando volví al niño que destruía y recomponía objetos pero, en este caso, lo hacía con un único objetivo: conseguir un sonido nuevo que me representase, una tímbrica, un “reconocerme” como artista sonoro gracias a esos objetos únicos.

En 1995 nace El Toro Cósmico, y esta primera escultura sonora viajará conmigo a Bélgica en 1996 para comenzar como Truna un proyecto con el que continúo hoy. El Toro Cósmico, como otros de mis artefactos, está siempre en proceso, siempre susceptible al cambio. Todos ellos han sido expuestos en museos varias veces y han formado parte de mis instrumentos en mis proyectos de música como Antorcha Amable o JOP.

Por ello, cuando me preguntan qué soy contesto que “músico auto-luthier”, es decir, mis objetos sonoros son mis propios instrumentos, los que me otorgan esa identidad sonora. De esta manera se mezclan mis dos pasiones: invención y música.

– Dos pasiones que consigues empastar con el cine mudo de tintes surrealistas. Por un lado, los monstruos de serie B, por otro, el genial Segundo de Chomón…

– Tuve mucha suerte con mis padres, que me inculcaron la música sin presiones ni conservatorios. Mi padre tocaba la guitarra clásica en casa y la vibración de las cuerdas la llevo dentro desde que nací. Cuando era un niño (o más niño) de 8 años estuve aprendiendo guitarra y tocando en una rondalla. Ésta fue mi primera experiencia musical en colectivo. Más tarde, con 16 años, empecé con el bajo eléctrico en un grupo de hard rock; en el 82 entré a formar parte del grupo de post-punk valenciano Carmina Burana, y es en esta época cuando empiezo a interesarme por la fotografía, el cine y el video.

En la imagen vi una manera de despertar mi individualismo como artista y algunos profesores en F.P., al ver mi trabajo, me decían: “Tú eres dada, eres surrealista”. Yo no sabía de qué me hablaban, mi proceso siempre fue (y es) de ensayo-error, sin pasar por manuales; me fascinaba la tecnología analógica de grabadoras, revelados y montaje.

Aquí se encuentra la conexión con mi estética o sonido y mi gusto por la imagen. Siempre diseñé mis propios carteles-collage. La imagen en movimiento supuso para mí algo que, con el tiempo, me acompañaría en algunos de mis proyectos en solitario. Con mi marcado carácter patafísico, estaba claro que lo que más me interesaba del cine era lo absurdo, lo poético, lo abstracto, lo fantástico, todo lo que se escapa a la razón.

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King Kong Truna
(Foto: © Luis Blesa)

Mi primer trabajo con video e instalación-música en directo se llamó “Zoonírico-Capturar el sueño de los animales”; inventé una máquina capturadora de sueños de animales y sobre un círculo en mi cabeza proyectaba “el sueño del toro”, “el sueño del cocodrilo”, “el sueño del pato”… Fue presentado en 2005 en varios festivales, el Círculo de Bellas Artes y La Casa Encendida de Madrid. Este trabajo aglutinaba todas mis esculturas sonoras, muy pesadas de transportar, y en 2010 tuve una maravillosa idea: recuperar el Súper 8 y el género fantástico, y llevarlo con mi música al directo. Así nace “King Kong Truna”, un mono que toca el theremin, el harmonium, y otros objetos, para musicar al gran King Kong de 1933. Con este proyecto pude viajar más ligero y estuve programado en algunos festivales de música, performance y cine, como el MEM (2011) en el Guggenheim de Bilbao.

Ahora con “Truna y sus Monstruos” conozco mucho mejor el medio fílmico y veo un sinfín de posibilidades para crear un espectáculo vivo.

– ¿A qué autores del absurdo visitas con frecuencia?

– Quién me conoce bien sabe que no soy un gran lector, ni tampoco tengo apetito por escuchar música, sin embargo, me fascina el cine y lo tengo muy presente en mi día a día; pero tengo muy mala memoria y me cuesta recordar los nombres de directores o actores. Creo que esto se debe a mi inquietud: desde niño me quedo ensimismado con cualquier sonido de la calle o de mi taller, y esa “tiranía del sonido” se impone sin dejar espacio a nada más. De cualquier forma, en ocasiones releo o revisito escritores y directores que bucean en el absurdo y que me fascinan como: Ramón Gomez de la Serna, Alfred Jarry, Boris Vian, Raymond Quenau, Samuel Becket o Princesa Safo, la cual sólo publicó un libro, ‘El Tutú’ (1891).

Por el lado cinematográfico, me fascinan Fellini, Marx Brothers, Tati, Buster Keaton, David Lynch, Jean Cocteau, Hans Richter, Rene Claire y Jan Švankmajer.

En fotografía, soy fan incondicional de Man Ray, y en música, he escuchado mucho rock experimental, progresivo, punk, post-punk, garage de los años 50…, y me encantan quienes mezclan todo esto con la música tradicional o popular. Quizás sea por esto que mis grupos favoritos son: The Residents, Renaldo & The Loaf, Snakefinger, Pere Ubu, Eugene Chadbourne y los violonchelistas experimentales John Rose y Tom Cora. Mi compositor preferido de bandas sonoras es el grandísimo Nino Rota, destacando su aportación a Casanova, de Fellini.

– Dijo Alfred Jarry que la Patafísica “es la ciencia de las excepciones y de las soluciones imaginarias”. ¿Estás de acuerdo?

– ¡Absolutamente de acuerdo! La Patafísica es la madre del Dadá y el Surrealismo, históricamente precede a éstos, en aquella época en que el teatro y la ópera eran las grandes artes. Alfred Jarry con su pieza de marionetas agitó a la burguesía de la época, con ironía y de manera magistral. La Patafísica es la tiranía del absurdo, sí, pero a diferencia de las vanguardias que vendrían después como Dadá y Surrealismo, está impregnada de sentido del humor y de lo popular. No necesita exponerse en galerías de arte, se expone en lo cotidiano, irrumpe en la calle. La vida de Jarry, al igual que la de Satie (quien también perteneció al Colegio de Patafísica de París), es todavía más interesante que su obra publicada. Esto de lo que hablo se refleja muy bien en un libro maravilloso llamado ‘La época de los banquetes’ de Roger Shattuck, en el cual se cuentan anécdotas de cuatro grandes visionarios: Satie, Jarry, Apollinaire y el aduanero Rousseau.

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Truna y sus monstruos en Madame Mim
(Foto: © María Cervelló)

– ¿Y cómo reacciona Valencia a lo experimental? Bartolomé Ferrando, Avelino Saavedra, Llorenç Barber, Josep Lluís Galiana o tú, entre otros, lleváis muchos años trabajando aquí…

– Es cierto que llevamos muchos años buscando nuestro espacio en esta ciudad, terriblemente inhóspita y reticente a todo lo nuevo. Creo que en Valencia existen grandes propuestas y artistas, pero esto se da de bruces con una ciudad anclada en lo conservador. Valencia desde hace años ha tenido ciclos y festivales, algunos de ellos han desaparecido por depender exclusivamente de las instituciones. Pero lo que verdaderamente da apertura al arte experimental no son ciclos o festivales intermitentes o puntuales, sino los espacios físicos que programan de manera anual.

En otra época contábamos con La Sfera Azul, La Sala Naranja, El Purgatori o La Clínica Mundana, todos ellos espacios ya desaparecidos, que en tiempos de bonanza subsistían sin ningún tipo de ayuda institucional y funcionaron muy bien. Ahora los relevan Plutón.cc, el mejor espacio para arte experimental y diverso; Madame Mim, una joya de tienda y gabinete de curiosidades; la librería-hamburguesería SlaughterhouseSporting Club Russafa, El Cant del Cantó, Sala Ultramar y Espacio Inestable, abiertos desde hace unos años a nuevas propuestas.

En cuanto a festivales tenemos el Pin Pan Pun, Nits d’Aielo i Art, Pop al Carrer, Intramurs y Volumens. Muy recientemente la Universidad de Filología de Valencia cuenta con un ciclo de arte sonoro y música experimental, dirigido por Begonya Pozo y Llorenç Barber. Por otro lado, el cambio dirección del IVAM anuncia una nueva época en el museo.

– Pero no parece ser suficiente…

– Particularmente estoy dado de alta como músico profesional, hago mi declaración trimestral y, a pesar de estos espacios, ciclos o festivales, sí, me resulta muy difícil llegar a final de mes. Vivimos en un país donde el artista está huérfano de ayudas y machacado con un IVA del 21%, a años luz de otros países donde el IVA por actividad artística está al 5%. Esto explica que deba estar siempre activo dentro y fuera de Valencia con música en directo para teatro, danza, marionetas, instalaciones sonoras, escultura sonora, intervención musical sobre film, improvisación libre con mi buen amigo Bartolomé Ferrando en nuestro dúo “JOP”, talleres de construcción de instrumentos para niños y adultos, etc.

Parece que cuando me dicen «¡no paras!», den a entender que un artista crea por afición y se gana la vida con otra profesión. ¡No se le dice lo mismo a un médico o a un zapatero! Mi profesión es músico e inventor y lucho por ello cada día.

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Truna y sus monstruos en Madame Mim
(Foto: © María Cervelló)

Durante mi estancia en Lieja, Bélgica (1995-1999), conocí varios espacios de arte protegidos con ayuda institucional. Los artistas no sólo recibían apoyo económico por su condición, sino que además disponían de ayudas sociales. Aunque esto ahora ha cambiado, seguimos estando muy por detrás de ellos en este sentido. Creo que es un problema de educación. Los niños de otros países europeos, desde muy pequeños, se impregnan de arte tanto en la escuela como en el seno familiar, lo cual les conciencia sobre el trabajo del artista. Para mí esto es fundamental.

– ¿En qué contexto te expresas con mayor comodidad?

– Yo no me siento cómodo cuando intentan meterme en el saco de los músicos experimentales, ya que la mayoría de ellos o no tienen sentido del humor o pasan su tiempo distribuyendo sus grabaciones y colgando sus trabajos en la red. Mi espacio es el del contagio directo, donde las acciones, actuaciones, intervenciones y talleres lo son todo. Por eso mi tarjeta de visita es un video en plano secuencia, sin cortes ni manipulaciones, de una actuación. Ésta es la mejor manera de comprender mis proyectos en solitario. Mis más gratos recuerdos son de la calle, sin avisar a nadie. Irrumpir en el espacio urbano con alguno de mis objetos sonoros autónomos (a pilas) y encontrarte cara a cara con la sorpresa del espectador-peatón.

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Truna en DRAP ART-FAD (Barcelona, 2007)
(Foto: © Consuelo Bautista)

Otra bonita experiencia fue la de participar en el festival Rehogar, exponiendo mi trabajo en el Jardín Botánico de Valencia rodeado de plantas tropicales. Entre el público habían muchos artistas, pero fue enriquecedor compartirlo con niños y ancianos que visitaban con frecuencia el jardín y ese día se encontraron con unos monstruos proyectados sobre una sábana, una maleta mágica y un señor con un chelo y una máscara tocando en directo. Es algo que vivo siempre también en el festival Pop al Carrer -organizado por La Casa Calba-, donde, en una ocasión, una madre me dijo que ella y su hijo habían pasado todo el día buscando en la playa a King Kong (después de mi espectáculo KingKongTruna la noche anterior). El niño estaba completamente convencido de que King Kong estaría a la mañana siguiente tomando el sol en la playa…

– ¿Qué estás preparando ahora?

– Pues este 2015 está siendo un año muy activo para JOP y ‘Truna y sus monstruos’. El año pasado también tuve el gustazo de trabajar con Lupa Teatre y el dramaturgo y director Xavier Puchades, componiendo la música para ‘M i les balenes’, una pieza de marionetas, y tocando en directo el día de su estreno en la Sala Ultramar. Hace unos días he estado con la compañía de danza La Siamesa, haciendo música en escena junto a Joan MEI para ‘Diógenes’, con Ángela Verdugo y Carla Chillida en movimiento e interpretación.

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Nariz Sonora, de Truna
Foto: © Andrés Blasco

Acabo de volver de Barcelona, donde he colaborado con mis buenos amigos Cabo San Roque en su maravillosa exposición en el Centro de Arte Santa Mónica, ‘La Cobla Patafísica’; estuve actuando con ellos y sus autómatas musicales, y fue maravilloso. Otra colaboración muy reciente es la creación del cuarteto Quaramba! junto a Josep Lluís Galiana, Avelino Saavedra y Bartolomé Ferrando. Estrenamos el pasado mes de abril en la reapertura de Plutón.cc.

El 9 de mayo salgo hacia Alicante con JOP, para actuar en el festival de Poesía y Arte de Acción NoSomosTanRaros, y el 16 de Mayo estaré en el MACA clausurando una exposición de Joan Miró y Joan Baixas con mi espectáculo ‘Truna y sus monstruos’.

Mi actividad es frenética; mi violonchelo y mi maleta-mágica no han parado este año. Como autogestor que soy, ahora mismo estoy esperando confirmaciones de festivales y espacios en Bilbao, Girona, Barcelona, Valencia, Madrid y de fuera de la península: Menorca, Ferrara, Roma, Marsella, Saint Paul de Vence… Esta autogestión sería prácticamente imposible sin la ayuda de buenos amigos que me aconsejan y ayudan.

Actualmente estoy trabajando en un nuevo proyecto en solitario, en el ámbito audiovisual: Cortos Dadá Truna. Hace unas semanas lo presenté en el Espai Pedreres de Barcelona, dentro de un ciclo de cine musicado en directo llamado ‘Ojos que nos ven’. Poco después lo estrené durante el ciclo de arte sonoro y música experimental de la Facultad de Filología de Valencia. Se trata de una serie de cortometrajes del maravilloso Hans Richter. El 6 de junio lo podréis ver en Plutón.cc. Y ¡ah! he revivido a un antiguo compañero que hacía mucho que no sacaba a pasear: El toro cósmico.

Text: Vanesa Martínez Montesinos | © Afán de Plan 2015
Fotografies cedides per Andrés Blasco ‘Truna’